
La salud mental en la infancia temprana se construye mucho antes de que aparezcan conductas problemáticas o conflictos visibles. La investigación en desarrollo infantil ha demostrado que los primeros años de vida son decisivos para la organización emocional, la capacidad de autorregulación y la construcción de una sensación básica de seguridad. En esta etapa, lo que actúa como factor protector no es la corrección de la conducta, sino la calidad de los vínculos, la coherencia del entorno y la experiencia continuada de ser acompañado y comprendido.
Desde esta perspectiva, la prevención en salud mental durante la etapa 0-3 no adopta la forma de una intervención clínica, sino de un acompañamiento relacional y emocional sostenido en el tiempo. Las evidencias recogidas en el marco del Programa TEI 0-3 muestran mejoras significativas en indicadores como la regulación emocional, la prosocialidad, la cooperación entre iguales y la disminución de respuestas de estrés, tanto en el alumnado como en los adultos de referencia. Estos resultados refuerzan la idea de que la intervención temprana constituye uno de los principales factores de protección en salud mental infantil.
Convivencia, regulación emocional y competencia relacional en el TEI 0-3
En este marco, el Programa TEI desarrolla su propuesta TEI 0-3 como un modelo educativo que integra de manera explícita convivencia y prevención en salud mental infantil, incorporando esta mirada de forma estructural en la organización cotidiana de las escuelas infantiles. La convivencia se entiende como un entramado de relaciones que incide directamente en el desarrollo emocional desde los primeros años de vida.
En la etapa de 0 a 3 años, la convivencia se construye a partir de la coherencia del adulto, la previsibilidad de las respuestas y la creación de contextos emocionalmente seguros. Este enfoque permite interpretar la convivencia no como un objetivo secundario, sino como una intervención preventiva en sí misma.
Uno de los aspectos más relevantes del TEI 0-3 es el reconocimiento de la competencia relacional de los niños y niñas de estas edades. La experiencia acumulada muestra que, cuando el entorno es seguro y el acompañamiento adulto es sensible y consistente, los niños y niñas de dos años son capaces de avanzar en su propia autorregulación emocional y, al mismo tiempo, ejercer funciones de regulación y cuidado hacia los más pequeños. Estas interacciones entre iguales fortalecen la empatía temprana, el sentimiento de competencia y el sentido de pertenencia, configurándose como mecanismos preventivos de alto valor.
Una responsabilidad compartida en la comunidad educativa
La propuesta del Programa TEI 0-3 no se limita a la intervención directa con niños y niñas, sino que incorpora de manera activa a los adultos que forman parte de su entorno cotidiano. Equipos educativos, familias y comunidad escolar participan en un marco común que concibe la salud mental como un bien compartido y no como una cuestión individual o exclusivamente clínica.
Situar la etapa 0-3 como un periodo estratégico para la prevención en salud mental implica un cambio de mirada: pasar de intervenir cuando el problema aparece a construir, desde el inicio, entornos relacionales seguros y coherentes. Iniciativas como el Programa TEI 0-3 contribuyen a consolidar esta perspectiva preventiva, priorizando el cuidado del vínculo, la regulación emocional y la creación de contextos educativos saludables desde los primeros años de vida.
